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Un buen uso de la red de saneamiento preserva el medio ambiente

En los primeros meses de 2020, empezaremos una campaña informativa entre los establecimientos hoteleros y de restauración del municipio para dar a conocer la Ordenanza municipal reguladora de la red de saneamiento en suelo urbano. Uno de sus principales objetivos es fomentar el desarrollo de buenas prácticas de uso de la red, especialmente la separación en origen.

Es por eso que los hoteles, bares y restaurantes tienen que tener una arqueta de separación de grasas y un decantador de sólidos. En cuanto a los residentes particulares, tienen que respetar una serie de recomendaciones de buen uso.

En el ciclo del agua, la importancia de la acción humana no está sólo en el agua potable, sino también en el agua residual. En casa, nuestra acción tiene un gran impacto para evitar atascos, malos olores, reducir los contaminantes aportados a la red de saneamiento, minimizar la aparición de plagas y facilitar el adecuado funcionamiento de los colectores y las estaciones depuradoras.

Los productos de consumo habitual que tienen una repercusión directa en las redes de saneamiento al ser evacuados por el inodoro o el desagüe son los siguientes:

  • Artículos de higiene personal

 

No se deben arrojar al inodoro: compresas, tampones, bastoncillos, toallitas, preservativos, desmaquilladores, y en general todo tipo de productos cosméticos.

 

A pesar que en algunos casos puede indicarse en el envase que el residuo es biodegradable, su degradación no es inmediata, sino que se realiza a largo plazo, provocando una afección directa en las redes de saneamiento al obstruirse los colectores, un perjuicio al medio ambiente y un encarecimiento del mantenimiento de la explotación de las estaciones depuradoras, al producirse problemas de funcionamiento de bombas y elementos mecánicos, y dañarse los sistemas hidráulicos. Todo ello se podría evitar tratando estos artículos como residuos y depositándolos en contenedores.

 

  • Fármacos

 

Está totalmente prohibida la eliminación de aquellas sustancias químicas y principios activos empleados para prevenir, tratar, diagnosticar, detectar, aliviar o curar enfermedades a través de la red de saneamiento, debiendo depositarse en los contenedores de los puntos “SIGRE” (Sistema Integrado de Gestión de Residuos de los Medicamentos y de sus Envases), habilitados  en las farmacias.

 

  • Residuos peligrosos

 

No se deben eliminar a través de la red de saneamiento residuos peligrosos definidos por norma, como por ejemplo productos de jardinería como abonos o plaguicidas, así como aceites minerales, líquidos de frenos o anticongelantes, pinturas, colas o disolventes. Si son de origen domiciliario, estos residuos pueden depositarse en el punto verde municipal.

 

 

  • Aceites vegetales

 

La evacuación por el desagüe de aceites de fritura usados y del aceite de conservars provoca atascos en las redes de saneamiento, por la formación de las denominadas “bolas de grasa”, lo que incrementa los costes de su mantenimiento, promueve la aparición de malos olores y dificulta los procesos de depuración al llegar con contenidos de oxígeno mínimos. Así, el aceite usado que no puede ser reutilizado debe ser depositado en los puntos habilitados por el Ayuntamiento.

 

  • Restos de comida

 

Los desagües no deben utilizarse para eliminar restos de comida o sustancias pastosas. La eliminación de estos residuos a través de la red de alcantarillado genera además de un consumo innecesario de agua, obstrucciones en las redes de saneamiento, malos olores, contribuye a la proliferación de plagas y provoca sobrecargas de materia orgánica en las depuradoras.

 

Por todo ello, los restos de comida deben depositarse en el contenedor de residuos orgánicos, recomendándose la utilización de pequeñas rejillas en los agujeros del fregadero para evitar que estos residuos se cuelen por el desagüe y acaben en la red de saneamiento.

 

 

  • Jabones y detergentes

 

Se trata de productos que disuelven las grasas o la materia orgánica gracias a los tensoactivos que contienen, pero su uso, en especial en el caso de los detergentes en polvo, es una de las principales fuentes de contaminación por fosfatos, y estos, combinados con aceites y residuos sólidos, taponan las redes de saneamiento por la formación de las denominadas “bolas de grasa”. En la medida de lo posible es recomendable elegir detergentes sin fosfatos.

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